Orton había prometido demostrar a Kane lo enfermo y retorcido que podía llegar a ser y lo demostró en Extreme Rules. No hizo falta mucho tiempo para que las cosas se pusieran al límite, ya que Kane cogió una barra de plomo, lo que desencadenó una pelea que acabó con las dos superestrellas golpeándose el uno al otro con todo tipo de objetos entre medias de los aficionados e incluso detrás del escenario.
El combate en Extreme Rules parecía ser la única manera de arreglar las cosas entre los dos. Después de la victoria de Kane sobre La Víbora en WrestleMania XXVIII, los asuntos entre las dos superestrellas se intensificaron. Orton sobrevivió a un ataque con una silla de acero de Kane, derrotándolo en un combate sin descalificación en Smackdown. Esa misma silla sirvió como herramienta para sellar el final de Kane en el PPV.
El Gran Monstruo Rojo llevó las cosas a un nivel muy personal poco después, atacando al padre de La Víbora, Cowboy Bob Orton, con un tubo de plomo en SmackDown. Orton trató de tomar represalias durante varias semanas secuestrando al padre de Kane, Paul Bearer, y metiéndole en un congelador. Pero al Gran Monstruo Rojo no podría importarle menos, ya que le sacó de la caja fría y volvió a meterle de nuevo en hielo. Aunque el frío de verdad llegaría en Extreme Rules.
El final de esta rivalidad entre Orton y Kane llega con el triunfo de La Víbora en el PPV del mes de abril. Después de casi un año de peleas, desde que Kane estrechara la mano de Orton en una rara muestra de respeto en SmackDown, Kane puso sus miras en Orton, pero ahora lo ha pagado caro.
En Extreme Rules, no hubo ni respeto ni humanidad entre las dos superestrellas, sólo enemigos. Cuando todo terminó, fue Randy Orton quien salió feliz de la carnicería.